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El Cabildo Catedralicio de Córdoba

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El Cabildo

El cabildo catedralicio de canónigos es un colegio de sacerdotes, al que corresponde celebrar las funciones litúrgicas más solemnes en la Iglesia Catedral. Compete también al Cabildo Catedralicio cumplir aquellos oficios que el derecho o el Obispo diocesano le encomienden.

La Catedral es la principal Iglesia de la diócesis, madre de las demás iglesias y centro capital de la vida litúrgica diocesana. En ella "el Obispo tiene situada la cátedra, signo del magisterio y de la potestad del pastor de la Iglesia particular, como también signo de unidad de los creyentes en la fe, que el Obispo anuncia como pastor de la grey".

Cuando el Obispo preside en ella la Eucaristía, se vive cuanto dispone el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia: Conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al Obispo, sobre todo en la Iglesia Catedral.

En las manifestaciones artísticas de la Catedral se ofrece también a los que entran en ella, creyentes o no, los elementos fundamentales del mensaje de Cristo. Así el patrimonio histórico artístico se hace instrumento de evangelización.

Historia

A la actual Catedral de Córdoba precedió en el tiempo la basílica de San Vicente mártir, aún visible en alguno de sus elementos, levantada a mitad del siglo VI cuando comenzaron a expandirse por Hispania y el reino de los Francos las religias del martir. Su proximidad al palacio de Rodrigo, gobernador visigodo de la ciudad, y la amplitud del perímetro ocupado permiten sospechar que pudo ser el principal templo de la diócesis y la domus episcopi.

El culto cristiano pervivió en aquella basílica o en parte de ella hasta el año 714, en que se expropia la mitad del conjunto, y el 786 cuando el emir Abd al-Rahmán I procedió al derribo de toda la construcción cristiana para levantar la antigua Mezquita de Córdoba.

Reconquistada la ciudad por Fernando III el Santo, el monarca dispuso que en la festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo del año 1236 la antigua mezquita fuera dedicada a Santa María Madre de Dios y consagrada aquel mismo día por el Obispo de Osma don Juan Dominguez, en ausencia del arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada, asistido por los Obispos de Cuenca, Baeza, Plasencia y Coria.

La ceremonia de trazar con el báculo sobre una faja de ceniza extendida en el pavimento en forma de cruz diagonal las letras de los alfabetos griego y latino fue la expresión litúrgica y canónica de la toma de posesión por parte de la Iglesia. Aún siendo el protagonista de la reconquista de la ciudad, San Fernando sólo recibió, por concesión del Papa Gregorio IX, el derecho de presentación de cuatro prebendas en la futura Catedral.

Todo el edificio quedó convertido en templo cristiano, pero no adquirió el carácter de Catedral hasta la elección del primer Obispo, don Lope de Fitero, poco antes del mes de noviembre de 1238, y de su consagración episcopal en un día de los primeros meses del año siguiente.

Desde junio de 1236 a octubre de 1238 el culto cristiano estuvo atendido por un grupo de clérigos hasta la elección del primer Obispo, que, de inmediato y aún como electo, procedió a la constitución del Cabildo.

Los orígenes de este Cabildo y de su Templo catedralicio, arrancan de la entronización de la fe cristiana y de la manifestación solemne del cambio religioso operado en la antigua sede del Califato de Occidente, que tuvo lugar el día de los santos Pedro y Pablo de 1236 -feliz día que iluminó a los cristianos en todos los puntos cardinales del Orbe- cuando, tras la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo, la hasta entonces gran Mezquita -singular templo islámico, tanto por sus bellezas artísticas, cuanto por el significado político-religioso que siempre tuvo para el Islam occidental- fue purificada y santificada con ritos cristianos, para ser Iglesia de Jesucristo, bajo la advocación de la Madre de Dios.

La primera crónica general de España insiste en el tema de la dedicación de la antigua mezquita y, por lo tanto, en su entrega al exclusivo uso del culto divino; lo que, a la vez, significaba la donación del edificio a la Iglesia.

La institución capitular inicia sus primeros pasos el 28 de agosto de 1237, al conceder Gregorio IX el derecho de presentación, a ruegos de Fernando III, para la colación de cuatro prebendas en la Catedral cordobesa.

Un año después, en noviembre de 1238, el Cabildo aparece perfectamente constituido, aunque no esté precisado aún el número de los Capitulares. Este quedará determinado por Inocencio IV, el 17 de mayo de 1247, al fijar en veinte el número de Canónigos. La constitución de este Cabildo ha pervivido hasta nuestros días.

La exclusiva titularidad del Cabildo sobre la antigua mezquita -hoy Catedral- se establece el 1 de abril de 1249, al constituirse, de común acuerdo el Obispo y el Cabildo, las mesas pontifical y capitular.

A favor del Cabildo quedaron los derechos sobre el Templo, así como todos los ingresos que de su posesión se derivasen. Este acuerdo, como demuestran de modo fehaciente la documentación histórica y los usos y costumbres de este Cabildo, ha sido escrupulosamente respetado, en todo tiempo, por los Obispos de Córdoba.

Consecuencia de ello, ha sido la secular y honrosa responsabilidad que, desde dicha fecha, recayó sobre el Cabildo, de conservar este monumento universal, paradigma del encuentro de la cultura Oriental con la Occidental y de la vida religiosa, islámica y cristiana, que animó espiritualmente a los españoles durante ocho siglos.

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